Linea Directa


 

SUFRE GRECIA; SUFRE EL MUNDO

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 23-01-12) 

 

El Fondo Monetario Internacional y otras instituciones, como el Banco Mundial, la banca inglesa y otros exponentes de la banca internacional se han convertido en poderosas fuentes de angustia para asuntos prioritarios de terrorismo económico mundial, al haber alcanzado sus niveles de información amenazantes características que hacen temblar al mundo de pavor cuando se analizan las expectativas futuras y a corto plazo de la evolución económica de los países afectados por la incertidumbre sobre la seguridad financiera. 

El Partenón cuya sombra continúa iluminando la cuna de la cultura occidental parece resistir los reflejos de la amenaza, pero la pregunta clave sería: por cuánto tiempo. La población griega, en toda la región del Egeo, se encuentran sufriendo ya los efectos de una devastadora onda de choque que parece cimbrar las marmóreas estructuras de un pasado glorioso que, en su momento dictó los cánones de la belleza en la obra arquitectónica universal. 

Las muchedumbres de la civilización clásica han comenzado a sentir el asedio de las dentelladas  que causan el hambre y las carencias en una población atípica que durante demasiado tiempo gozó de una estabilidad económica artificial. Ahora hay que pagar el precio de la insensatez con altísimos réditos y penurias. 

Al abordar el tema nos rodea una enorme sensación de brutal injusticia. Los griegos en abstracto, no impusieron las condiciones que provocaron la quiebra de ese país. Pero el resultado de dichas acciones las paga la injusta distribución nacional de la riqueza, cuya estructura fue diseñada por los poderosos, sin tomar en cuenta, para nada, la responsabilidad que cada estrato social aportó. Y nunca como ahora se cumple el fatídico principio de que en Grecia, están pagando justos por pecadores.  

Las puertas del hambre y de la barbarie fueron abiertas por los poderes internacionales, para su propio beneficio, sin importarles que sean niños, ancianos, escolares y, en general, los más débiles eslabones de la cadena productiva, quienes fueron los que menos hicieron usufructo de los bienes considerados nacionales. 

La economía nunca ha actuado buscando satisfacer los principios de la justicia social, pero ha habido ocasiones en que el bien común ha intentado iluminar los senderos de la justicia, a secas, al margen de las ganancias. Evidentemente éste no es el caso que describimos. 

¿Quiere el lector corroborar algunos de nuestras lineamientos? Le bastará con intentar dar respuestas a las siguientes preguntas:

¿Acaso gobierna en Grecia el hombre más sabio, el mejor preparado o el más justo?¿el más honrado o el más decente o el más inteligente? ¿el hombre o mujer de mayor experiencia, de mayor sensibilidad. Acaso, como en México, se hizo del poder político ilegítimo y económico el hombre más hábil para mentir? no importando si promete para el año pasado la construcción de una o cien refinerías de petróleo. O acaso el que comete más delitos de lesa humanidad, amprándose en una legislación que nació para ser torcida, ser ciega, sorda, distorsionada, traicionada y violada Y si no es ese, el hombre que nos gobierna, entonces qué carajos está haciendo el en Los Pinos, además de robarse el dinero que no devenga?   

 


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