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LA PENETRACIÓN DE
AGENCIAS EXTRANJERAS EN MÉXICO
Por Gerardo
Reyes Gómez (LD 5-12-11)
Actualmente se dan cita en
México los servicios de la FBI, la DEA, la CIA, la DIA y amigas que
las acompañan. Todas tienen su propia representación, pero nos están
ahogando, porque los servicios de inteligencia mexicanos están como
pasmados. No saben qué hacer, ya que no les correspondería a ellos
imponer el orden.
Desde luego esta es una
clara muestra de la desesperación de Calderón que, como estratega de
altos vuelos, resultó un buen carnicero para hacer magia con las
estadísticas de las victimas de los cárteles de la delincuencia.
Ahora Calderón impuso una nueva modalidad; no solo atiende a las
agencias de inteligencia estadounidenses, sino también, a las
agencias de los aliados del imperio, como los servicios de
inteligencia israelíes y no solo para entregarles información de
nuestras capacidades reales para combatir al crimen organizado,
sino, al mismo tiempo, les pide ayuda para entrenar a los prospectos
policíacos y hacerles las pruebas de control. ¡Toda una hazaña!
¿Acaso sabe el lector
dónde está entrenando el Mossad a la juventud policíaca mexicana?
Pues nada más y nada menos que hasta en los estacionamientos en la
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE BAJA CALIFORNIA. Uno se pregunta ¿qué clase
de autonomía están ejerciendo en esa universidad. Si ya comenzaron
por esa casa de cultura, ¿cuándo llegará el día que en la UNAM les
asigne una área de las "Islas" frente a Rectoría para impartir
capacitación a los "cadetes" policíacos, bajo la directa supervisión
académica de los cuadros de la DEA?
¿En qué cabeza cabe que,
digamos Alejandro Poairé, no solo como secretario de Gobernación,
sino como jefe de todas las exiguas fuerzas de inteligencia
mexicana, le entregue las llaves de la trastienda al enemigo? porque
a eso equivale dejar entrar a la inteligencia de una potencia para
que sean ellos los que administren quién y quién no, pueden pasar
hasta la cocina.
¿Está como idiota
Calderón, o simplemente se pasó al enemigo? Nunca en la historia de
México se habían cometido tantas faltas de sentido común en el juego
real de la diplomacia. Para decirlo claro el desconocimiento de la
política internacional de Calderón aterra a los que creemos saber un
mínimo del trato en esa importante cartera de la administración
pública internacional. Si a pesar de ello se aferró a nombrar en la
Secretaría de Relaciones Exteriores a una dama que como diplomática
no pasa de ser un cero a la izquierda, entonces la suerte esta
echada.
Si tiene alguien alguna
duda el lector póngase a investigar quien impone los criterios de
actuación del personal diplomático en materia de agentes que recaban
información en embajadas, consulados y representaciones mexicanas en
el extranjero. Además se van a llevar una sorpresa, porque quienes
debieran hacerlo no son mexicanos o se comportan como agentes de
inteligencia al servicio de potencias del círculo íntimo del
imperio.
¿Quién le dijo a Calderón
que una cultura diplomática de cualquier nacionalidad puede hacerse
tomando un diplomado en Harvard, o en el m16? Los actos de traición
no solo parten del desconocimiento, o la estupidez, sino también son
actos premeditados en la cabezas de quienes dicen ser nuestros
amigos internacionales.
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