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DIEGO, EL TALÓN DE
AQUILES DE CALDERÓN
Por Gerardo
Reyes Gómez (LD 06-09-10)
Finalmente
Felipe Calderón logró minimizar, acotar, si no es que marginar al
PAN de Diego Fernández de Cevallos. Luego de ello nació el PAN de
Calderón, más dócil agachón y dúctil que el PAN antecesor. Todo fue
producto de una cirugía mayor para opacar la figura del Jefe Diego.
En Línea
Directa siempre hemos sabido que Diego Fernández de Cevallos es un
personaje emblemático de la corrupción partidista en México. Su
ética personal era un adminículo de juguete que se ponía encima,
para descontrolar al enemigo. Sin embargo logró rodearse de un
círculo de personajes que, como é, hasta parecían honestos. Hombres
prósperos de fino trato y afilado colmillo para los negocios; los
hermanan los intereses de poder y los incentivos económicos.
Pero sucedió
que un día Diego quiso volar por sí solo y extendió las alas como
las de un murciélago del tipo vampiro y logró chupar hasta los
recursos del Estado, en tiempos en que un presidente voraz le hacía
competencia y, hasta ahí llegó su buena suerte. Diego se había
convertido en algo más que una piedra en el zapato.
A ese
presidente finalmente se le prendió el foco y al cabo de algunas
reflexiones que ciertamente, le costaron mucho trabajo, concluyó que
estaba de acuerdo con los clásicos de la política y que el poder no
se comparte. Y aunque un poco tardíamente optó por intentar
deshacerse de su enemigo-amigo que se había convertido en un escollo
para sus planes de trascendencia política.
Mientras la
vida política, entre tumbos e indefiniciones continuaba fluyendo.
Los asesores de ese presidente planearon su estrategia en la que
consideraron reconstruir algunas instituciones como las de justicia,
para lo cual era necesario detener, a ciertos capos y exhibirlos
como figuras de circo, haciendo énfasis en la gran capacidad del
Estado para resolver los casos más difíciles con la única ayuda de
los aparatos de inteligencia (nacionales y extranjeros).
Así cayeron
el “jefe de Jefes, Beltrán Leyva, y la Barby. Uno cocido a balazos,
y el otro, curiosamente, cubierto de besos y apapachos. Pero haya
sido, como haya sido, no se puede menospreciar el poder mágico del
Estado, cuando logra tan espectaculares resultados.
Sin embargo,
escépticos como somos nos preguntamos si el aparato de seguridad del
Estado es capaz de funcionar como un gran aparato de precisa
relojería ¿cómo es posible que con todos esos recursos humanos y de
inteligencia hayan sido incapaces de aclarar y liberar al Jefe
Diego. ¿Será que en este caso, hay mano negra y el presidente no
quiere que se aclare?
Los más
sorprendidos de todos son los miembros del Partido Acción Nacional
quienes, como los espectadores de un partido final de campeonato de
tenis en Wimbledon, a un ritmo sincopado, tornan la mirada a uno y
otro lado de la cancha donde va la pelota, y sin embargo, la
corrupta figura de Diego, no aparece por ningún lado a pesar de su
presunta solicitud de clemencia del interesado para que por piedad,
no se les olvide quién es él que sufre. Ahí señores del poder (¿?)
azul, a pesar de la alta eficiencia de Calderón en las labores de
inteligencia, no hay nada más que un gato encerrado.
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