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JUEGOS DE PODER

 

 

 

MONTERREY, MODELO DE EMPRESARIOS FALLIDOS

Por Rodolfo Sánchez Mena (LD 06-09-10)

E-mail:  sanchemena@yahoo.com

Monterrey y los empresarios que abandonan México,  son el mejor ejemplo del fracaso del modelo capitalista empresarial trasnacionalizado que los gobiernos de derecha del PAN de  Fox-Calderón, han tratado de imponer al país, durante 10 años. 

La huida de los empresarios, representa el fin del modelo que pretendía reemplazar el Estado por el capital y los capitanes de empresa.

No obstante todavía hay algunos que se quieren pasar de listos, al tratar de cobrar en efectivo y con dividendos políticos por la estampida de empresarios regiomontanos a los Estados Unidos.  Se maniobra para reemplazar al gobernador de la entidad, Rodrigo Medina, se le atribuye ser la causa de que las ratas huyan. La maniobra busca afectar a un aliado de Peña Nieto.

El cobro en efectivo por llevarse el capital en maletas, pretende demostrar que el país esta siendo afectado por la perdida de talento imprescindible y sobre todo por, dicen, su aportación al PIB. El chantaje manifiesto es si se hunde Monterrey se hunde México, en añoranza a la frase de folclórico líder petrolero, que amenizaba la política nacional con patriótica frase de almanaque, “si se hunde Pemex, se hunde México”.     

Por el contrario, la estampida de empresarios del país, advierte cómo son prescindibles y sustituibles. Su escasa visión y compromiso,  demuestran la vigencia, y urgencia  del Estado-Nación.

La necesidad prioritaria de las instituciones estratégicas y predominio de las leyes; el papel de la propiedad social, en los servicios y la producción; así como de la generación y aplicación de nuevos conocimientos; la urgente recuperación de los recursos de la Nación privatizados y transnacionalizados.     

Dejemos a un lado el cálculo de dividendos del mensaje del cementero trasnacional, Lorenzo Zambrano, calificando de cobardes a los que huyen. Vamos a centrarnos en el análisis, breve pero de fondo del problema del papel, magnificado, de los hombres del capital y los de industria.

No podemos pasar por alto que el desarrollo industrial de Monterrey, solo fue posible con la creación de un mercado nacional. La industrialización de los estados del norte, en general, obedeció a una política deliberada del Estado mexicano.

Hoy, como ayer, los empresarios nacionales requieren del Estado. Dependen de él para acumular plusvalía y multiplicar inversiones y desarrollarse. Fuera del país, están a expensas de la protección que los Estados y las potencias brindan a sus connacionales, capitales y corporaciones. Lo de la libre competencia es un discurso, sin  protección los capitalistas perecen.

Se pretende olvidar que el Estado invirtió enormes  recursos en infraestructura física y social,  para proveerlos de energéticos, subsidiados y calificar mano de obra, también subsidiada, por condiciones justicieras de equidad social. El talento y la iniciativa personal, no pueden suplir ni a la política y menos a los propósitos de orden nacional.

Hoy los nombres de los capitanes de industria, los fundadores de las empresas de Monterrey, son nombres de calles. Son nostalgia.  Los grandes empresarios y sus capitales engordados por el mercado interno y por rescates de  Fobaproas, huyeron e invirtieron del otro lado. Desde hace buen tiempo no producen ni corcholatas.

Monterrey, de ser el mayor polo industrial de desarrollo, fue desmantelado para dar paso a la industria de la maquila. La política de desindustrialización del país, desmanteló a la planta industrial del país, y sus cadenas productivas de bienes, servicios y alimentos.  

Instalados cómodamente en  la lucrativa industria del chaca chaca, o sea el lavado industrial de recursos, han decidido abandonar la plaza, ante el asedio de la feroz competencia del narco, tal vez regresen a disputar el territorio de la capital neolonesa, si logran emular el ejemplo del presidente municipal de San Pedro Garza García, Mauricio Fernández Garza, quien paga mercenarios, perros de la guerra.

Mauricio Garza es un ejemplo más del modelo fallido de empresarios y del fin de la dinastía de los grandes empresarios de Monterrey; ahora, solo alcalde promotor de mercenarios, gracias a ser el heredero vergonzante, de un capitán de la industria, Garza Sada.

 


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