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EL PAN NO NIEGA LA CRUZ DE SU PARROQUIA Por Gerardo Reyes Gómez (LD 08-03-10)
El título de este trabajo subraya la religiosidad de este partido político. Solo que aún son pocos los que se han percatado de que, como ellos dirían, en el famoso como pecaminoso caso de Marcial Maciel, y su dimensión política; en el pecado llevan la penitencia. Los panistas, aún a estas alturas, quizá por falta de práctica, se resisten a pensar. Pocos son los que consideran que el caso Maciel equivale a una pequeña bomba termonuclear que estalló en el centro del Vaticano. Sin embargo, si las cosas no cambian y pronto, el PAN deberá darse por muerto en las próximas elecciones presidenciales en México. Bastaría que sus opositores se decidieran a exhibir públicamente el tema del finado superior de la orden de los Legionarios de Cristo para hacerlos pedazos. Para los delitos cometidos, no solo por el Maciel, sino por los más altos dignatarios de la Iglesia Católica, quienes durante tantos años, lo toleraron y terminaron por encubrirlo, incluido el Papa Wojtyla no existe pena o penitencia capaz de redimirlos. Es tal la perversidad y la inmundicia descubierta en sus enfermizas manifestaciones sexuales, con las cuales ofendieron a las víctimas que cayeron en sus garras, que difícil sería concederles la gracia de la extremaunción. Sería suficiente rascarle un poco ha tan fétido asunto, para equiparar, en gravedad, el daño hecho a las víctimas de abusos y violaciones, con las que ha producido la guerra fallida de Calderón, en lo que lleva del sexenio, con todos sus asesinatos, secuestros y desapariciones forzadas. A pesar de que las primeras se dieron, si no con la aprobación, si con la complacencia de las autoridades eclesiásticas. De todo lo anterior podrá darse cuenta cabalmente la grey católica y la no católica. Bastará que personas con conciencia y buena fama pública propaguen como fue, para que encienda la yesca de la revelación, con todos los efectos perniciosos sobre la credibilidad de los liderazgos panistas. En un país como México los colectivos sociales poseen sus conjuntos de valores, el caso Maciel puso a prueba la lucha entre principios tradicionales y los modernos. Si bien al PRI se le ha considerado equivocadamente, como un partido eminentemente pragmático, no lo es tanto, si tomamos en cuenta que uno de los principales candidatos a la Presidencia de la República para el próximo sexenio continúa siendo el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quien no ha podido, ni querido, ocultar su lealtad a la filiación religiosa, por cuestiones de compromisos en pesos y centavos, no obstante, ahora necesariamente, se verá obligado a reevaluar su posición. El estigma de Marcial Maciel manchará no pocas de las actuales luminarias en la pelea por el poder, porque a nadie le gustaría llegar muerto al día de la elección. El Vaticano lo sabe y tendrá que intentar hacer los ajustes pertinentes. Un estado milenario como el Vaticano seguramente sobrevivirá esta gran crisis de moral, pero definitivamente no será el mismo estado teocrático al que estamos acostumbrados. Una vez que se cimbre al avispero, con el tiempo retornará la calma, aunque para ello tenga el PAN que entregar el poder y, claro, tragarse lo poco que le queda de vergüenza.
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