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EL ENEMIGO A VENCER

 Mientras México dormía, políticamente hablando, los primeros años del actual sexenio los ocupó el PRI en la creación de un monstruo de poder; un bebé formado en la cuna del tradicional del grupo Atlacomulco. 

Para cuando los partidos políticos interesados en la contienda  electoral, que tendrá lugar el próximo año se dieron cuenta cabal de lo que acontecía, toda la maquinaria priísta se había convertido en una salvaje aplanadora, que a su paso destruía a sus contendientes dejándolos en calidad de calcomanías. 

Se habían echo las negociaciones al más alto nivel, con el visto bueno de Felipe Calderón Hinojosa y los representantes del imperio; parecía que después de eso no había nada que hacer. Por parte la parte interesada del PRI, la estrategia había sido diseñada por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. 

Sin embargo, el nivel de descontento de la clase política y amplios sectores productivos del país, como el sector campesino, afloró con un ímpetu inusitado y al comenzar las primeras divisiones los grupos priístas entraron en choque y rodaron algunas cabezas como la del coordinador del senado, lo que más pronto que tarde provocó importantes fisuras en lo que se creía un grupo ideal para que el PRI pudiera recuperar el poder presidencial. Luego, se dio la imperiosa necesidad de cambiar al presidente del partido, para intentar conciliar diferencias, pero aún con ello las corrientes de poder no han recobrado su cause. 

Los brotes de la disidencia priísta se han incrementado y en algunos la rebeldía se hace manifiesta. Peña Nieto ha sufrido ataques soterrados nacidos dentro del fuego amigo, pero que se interpretan como agresión directa a todo su proyecto, especialmente los que van dirigidos a poner de manifiesto su ética personal, en lo que concierne al comportamiento extra marital. Lo que pone su vida privada en boca de sus enemigos. 

La inexperiencia del candidato le ha impedido articular una respuesta racional y lo ha convertido en blanco fácil y por lo menos en ese renglón, en que lo saben vulnerable, no paran de restregarle las  heridas. En lo que respecta a los hijos fuera del matrimonio, que para él debería tener una explicación sencilla, se le complican las cosas y puede salir muy mal parado debido al juicio de las "buenas conciencias" y, sabido es que la clase política perdona muchas cosas, pero no todas., como la estupidez.   

Gerardo Reyes Gómez

30 de enero del 2012

 

 



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